Actualmente en diferentes discusiones sobre arte se hace alusión muy a la ligera al tema del nazismo. Pues bien, este fin de semana estuvimos en un sitio que da testimonio de uno de los horrores más grandes de la historia reciente del mundo. Visitamos al campo de concentración y de exterminación Struthof, instalado por los Nazis sobre el territorio francés, bajo la anexión de Alsacia al III Reich.
Durante esta visita fuimos acompañados por un guía del lugar, quien nos hizo un resumen somero de las atrocidades vividas por las victimas, en aquel momento oscuro y aún reciente de la historia europea.
El número total de prisioneros que pasaron por Struthof se estima en 52000 personas. Sometidos a trabajos forzados y a la desnutrición, los prisioneros eran encerrados en pequeñas barracas, donde debían dormir hacinados unos encima de otros en habitaciones minúsculas.
Las diferentes torturas conducían a varias formas de eliminación: se utilizaban perros, la orca, el tiro de gracia o la cámara de gas. La barbarie era generalmente llevada a cabo por los “capos”, quienes eran prisioneros que torturaban a los demás bajo las órdenes de los oficiales nazis, matando personas a veces para recibir cigarrillos y algo de alcohol.
El campo de Struthof tenía como objetivo la utilización de los prisioneros como esclavos y posteriormente se realizaba su eliminación física. Se estima que el tiempo máximo que podía pasar allí un prisionero era de seis meses. Era claro que la muerte era el único destino. También se utilizaban los cuerpos para experimentaciones que recuerdan las “exploraciones” del médico y criminal nazi Josef Mengele.
En Struthof, las victimas eran básicamente oponentes políticos y miembros de la resistencia alemana y de los territorios ocupados. El espacio también fue aprovechado para la deportación y eliminación en secreto y para el asesinato de prisioneros de guerra.
“Desde el 17 de diciembre de 1944, un equipo de oficiales médicos del órgano de investigación de crímenes de guerra interrogó a diversos testigos y se desplazó al campo de Struthof-Naztweiler para después emitir un informe sobre el episodio de la colección de Hirt. Numerosos documentos (…) permitieron reconstruir la metódica operación cuya misión era la de crear una muestra de esqueletos para servir de testimonio a las generaciones futuras de lo que habría sido la raza judía una vez exterminada.” (1)


Link a las imagenes que pudimos captar de este campo de exterminación.

1 comentario:
"Cuando visité el museo de AUSCHWITZ, vi, ante sus vitrinas, imágenes de arte contemporáneo y eso me pareció absolutamente aterrador. Delante de esas vitrinas con valijas, con prótesis o con juguetes infantiles, no me sentí espantada, no sentí zozobra, no me sentí trastornada, como cuando caminé por el campo de concentración; no, en el museo tuve la impresión repentina de estar en un museo de arte contemporáneo. Retomé lo que pensaba diciéndome: "¡Ganaron!". Ganaron porque produjeron formas de percepción que continúan ese modo de destrucción que les es propio."
Entrevista a Jacqueline Lichtenstein citada en: Paul Virilio, "Un arte despiadado", en El procedimiento silencio, Buenos Aires, Paidós, 2001, pág. 48
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